EL SUEÑO DEL BUDDHA

Actualizado: mar 22

Y el hombre miró de frente al mundo del cual se había separado, en ese momento el dolor del mundo se volvió su propio dolor y de sus ojos se vertieron mares.


Evento por evento éste reflexionó sobre cada adquisición, cada circunstancia significativa que ocurrió en su vida. Después se percató de las pérdidas, de todo aquello que fue y no debió ser. Y así, la Manzana retornó al Árbol, del árbol a la Mujer y al Hombre perfectos, de estos a los siete elementos, los cuales se condensaron en Mercurio, Sal y Azufre, absorbiéndose finalmente en Luz y Oscuridad, la dualidad primigenia, el Ser y el No Ser.

El Buddha finalmente abrió los ojos percatándose de que había despertado de un sueño que parecía de siete eternidades pero que en realidad había sido menor a un parpadeo.

Él era el mismo de siempre, pleno, inmutable. Conciencia absoluta, Dicha absoluta y Verdad absoluta. Sin embargo, al mismo tiempo era otro, era también quien había abandonado a su reino, y a todo aquello que amaba, aquél que había pasado por austeridades y que había experimentado en carne propia el dolor de la dualidad.

Un nuevo ciclo se había cumplido. El Buddha había regresado glorioso a su palacio del cual nunca salió.


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