Práctica para manifestar sueños lúcidos


En el presente artículo compartimos una potencial práctica para poder efectuar un sueño lúcido. Se menciona como potencial al “no estar garantizada”. Por una parte la práctica no es infalible, viene de la propia experiencia de quien escribe estas líneas y seguramente tendrá muchas áreas de oportunidad. Por otra parte, el experimentar un sueño lúcido es el resultado del nivel de desarrollo psíquico que hayamos acumulado, tanto por lo aprendido de nuestras vidas pasadas como por iniciaciones recibidas.


Entendamos por sueño lúcido a aquel sueño en el que la persona está plenamente consciente de que está soñando, sabe que no es real, y que al percatarse de ello es capaz de manipular a voluntad los elementos de su entorno, creando, cambiando y quitando situaciones y personas. Este concepto sería probablemente diferente al del desdoblamiento astral, del cual algunos estudiosos indican que no es realmente un sueño y que se trata un desplazamiento consciente en el mundo “real” utilizando nuestro doble etéreo.


La presente práctica se comparte con fines específicamente de investigación. En la medida que más personas puedan realizar este ejercicio de manera responsable, documentando y compartiendo sus experiencias, se establecerá un marco común de conocimiento que pueda servir en un futuro como herramienta. Habrá quienes busquen este tipo de experiencias como algo “recreativo”, o bien, para satisfacer alguna necesidad personal. En esos casos recomendamos ampliamente no intentar estas prácticas. Las precauciones que más adelante se detallarán serán totalmente inútiles para quien intente realizar el sueño lúcido con un estado de conciencia incorrecto.


El sueño y los estados de conciencia.

Dependiendo de la naturaleza de nuestro sueño, ya sea que se trate de un sueño inspirado por nuestros deseos más mundanos o temores, o bien, que esté relacionado con aspiraciones elevadas como el amor y el deseo de conocer la verdad, éste tendrá una relación directa con los diferentes planos de conciencia. Los primeros estarán siempre más influidos por el plano de deseos, conocido en la tradición budista como Kâma-Loka. Por otra parte, los últimos estarán relacionados con el plano espiritual.


La precisión anterior es importante ya que la práctica del sueño lúcido definitivamente no es recomendada cuando nos encontramos “vibrando bajo” (por decirlo así). Por ley de vibración al soñar llegaremos a una “región” del astral que será afín al estado de conciencia que traigamos cuando nos acostamos. Quien coloca miel atrae abejas, quien tira desechos atrae las moscas. Decía Nietzche: “Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”. Dicha frase es en cierta medida aplicable para nuestro caso. Cuando se ingresa al astral “con los ojos abiertos”, podremos ser conscientes también de las entidades que ahí residen, y, por decirlo llanamente: “si tú los ves ellos te ven”, y lo peor de todo: “te recuerdan”. Es de ahí que algunas personas que realizan este tipo de prácticas terminan después afectadas, reportando situaciones recurrentes de apariciones, de parálisis del sueño y pesadillas.


Consideraciones previas a la práctica de un sueño lúcido.

Es debido a lo mencionado anteriormente que antes de realizar la práctica del sueño lúcido se recomienda tomar las siguientes previsiones:


  1. Que nos encontremos equilibrados emocionalmente, esto es: sin temores, sin angustias, sin resentimientos y sin sexualizaciones (esto va más allá de un simple puritanismo y por lo extenso del tema no lo explicaremos aquí).

  2. Que antes de dormir hayamos hecho una reflexión en retrospectiva sobre todos nuestros actos del día, poniendo especial atención a todos aquellos que no hayan sido “espiritualmente correctos”, si tratamos mal a alguien o si fuimos egoístas son el tipo de experiencias que hay que recordar y depurar. De igual modo que en el punto anterior esto tampoco es mero puritanismo. El estado del sueño tiene una relación directa con los estamos post-mortem donde gradualmente nos vamos depurando, pasando desde los estados inferiores de conciencia (purgatorio para los cristianos) hasta los más sutiles. Cuando una persona sueña también va pasando ascendentemente por estos estados, y, en la medida que lleguemos al sueño previamente “purificados”, la estancia en dicho “purgatorio” (el bajo astral) será mucho menor. La naturaleza siempre optimiza y no invierte esfuerzo en procesos innecesarios. Es posible encontrar una explicación mucho más completa sobre esta práctica en la obra “Concepto Rosacruz del Cosmos” de Max Heindel.

  3. Si tenemos, dependiendo de cada creencia, algún tipo de devoción hacia seres que reconozcamos como nuestros maestros o guías, es conveniente antes del sueño establecer una comunión con ellos para contar con su protección. Las formas son muchas según cada credo. Habrán los que meditan visualizando a algún Bhodisattva, los que con fe elevan una oración a algún santo o arcángel con el que se identifican. Lo más importante es la propia convicción y fe en el acto. El realizar esta práctica de manera mecánica sin reflexionar, sin visualizar y sin sentir no es válido. Quien produce nada recibe nada.

Tras realizar las prácticas anteriores podemos ya, de una manera más segura comenzar la práctica del sueño lúcido. Existen diversas enseñanzas sobre cómo hacerlo. Aquí nos enfocaremos en dos: La atención en el Pradhāna y el Sigilo.


La atención en el Pradhāna.

De acuerdo a la concepción de la escuela Samkhya, el Pradhāna representa la causa de la naturaleza material. Todo aquello que podemos percibir serían como trazos en un enorme pizarrón, un lienzo, dicho lienzo es el Pradhāna. En los periodos de manifestación este lienzo estaría lleno de diferentes imágenes. En los periodos de destrucción o Pralaya, éste sería un cuadro en blanco, absoluta oscuridad. Es cuando el pensamiento divino impregna o “fertiliza” al Pradhana cuando comienzan a trazarse los puntos, líneas, triángulos, cubos y esferas que finalmente reconocemos como realidad.


Como es arriba es abajo”, esta aparente vacuidad probablemente tenga una equivalencia a aquél estado en el que nos encontramos previo al sueño. Cuando estamos acostados, relajados, sin deseos o preocupaciones y enfocándonos exclusivamente en ese fondo negro que se produce al tener nuestros ojos cerrados, podremos gradualmente notar como en ese lienzo oscuro comienzan a aparecer diferentes tonalidades que parecerán simples manchas, mientras más prolongado sea nuestro esfuerzo éstas comenzarán a tornarse en patrones, justo como líneas, círculos, incluso símbolos. Si mantenemos nuestra atención en dichas formas, esto es, sin llegar a perder el control al caer dormidos, y sin desviar nuestra atención hacia otra cosa. Notaremos que las líneas ya se empiezan a ver como estructuras, paredes, objetos. Esa es una señal de que ya estamos empezando a soñar, que se está creando “nuestro mundo del sueño” y que estamos totalmente conscientes para percibirlo.


De cara a no dejarlo a las palabras y dar un ejemplo hasta cierto punto práctico y tangible de lo que se llega a experimentar en dicha fase se incluye el siguiente ejemplo de pareidolia. Es necesario fijar la atención en el centro de la siguiente imagen, manteniéndola por aproximadamente un minuto. Posteriormente cerrar los ojos y durante otro minuto mantener toda nuestra atención en el fondo negro producido en nuestra mente.


Un fenómeno similar al anterior es el que se produce cuando por tiempo prolongado y a punto de caer dormidos mantenemos nuestra atención fija en el negror producido por nuestros ojos cerrados, comenzarán a aparecer formas que parecieran amorfas, aleatorias, pero que poco a poco irán adquiriendo coherencia, y formarán todo un mundo a nuestro alrededor en el momento en que caigamos dormidos. Este estado es difícil de conseguir al principio pero con la práctica diaria puede llegar a conseguirse (siempre y cuando se cuente ya con un estado psíquico que lo permita). Para facilitar esta práctica es particularmente conveniente propiciar situaciones que nos mantengan en una tremenda somnolencia. Por ejemplo, programar un despertador para que suene en la madrugada y tengamos que apagarlo, este colocado cerca de nosotros de modo que no haya necesidad de levantarnos. Es en ese momento de tremendo sueño cuando hay que dar inicio al ejercicio de concentración.


Tras este esfuerzo de concentración prolongada, y sin caer accidentalmente dormidos, pronto nos encontraremos en los planos de formación. Aquí cual fuéramos arquitectos podremos “escribir en el lienzo”, alterando elementos del sueño a voluntad, basta con desearlo y visualizarlo. Llegando a este punto es importante DETENERSE. En la medida que uno utilice esta facultad para crear cosas para satisfacer algún deseo, estará expuesto a “ser visto”. En el caso optimista seremos “desconectados de la Matrix”, despertando en ese momento. En el caso pesimista podrán aparecer en el sueño, atraídos por nuestra luz creadora, entidades del bajo astral que en muchos casos actuarán a modo de parásitos o larvas, paralizando y vampirizando al practicante. El objetivo de este ejercicio es simplemente crear dos o tres objetos simples, tales que podamos recordar bien al despertar, en seguida desear despertar y tomar nuestras notas.


Método del Sigilo o Tótem

Cuando una persona sueña por lo general no se extraña o impresiona por las cosas que ve, a pesar de lo incoherentes que pudieran parecer si las percibiéramos ya despiertos. Esto en gran medida se debe a que nuestra propia mente, al mismo tiempo que crea el “mundo del sueño” también crea nuestra “memoria del sueño”. La memoria del sueño son una serie de recuerdos falsos, ilusorios que nuestra mente crea cuando estamos soñando. Es por estos recuerdos que podemos encontrarnos con personas, lugares y circunstancias que, para nuestro “yo en el sueño” lucen naturales y hasta lógicas, en lugar de ser inverosímiles. Es en ese momento que nuestra memoria de vigilia ha quedado hasta cierto punto sepultada. Es imposible tener un sueño lúcido si no podemos re-conectar con nuestra memoria de vigilia, es ahí donde es importante el método del sigilo.


Dicho método consiste en establecer un símbolo o tótem que pueda servirnos de ancla, de modo que tan pronto lo visualicemos en nuestro sueño, inmediatamente podamos hacer a un lado nuestra memoria del sueño para poder re-conectar con nuestra memoria de vigilia y así pasar del sueño inconsciente al sueño consciente. Un ejemplo en el mundo del cine sobre este método es la película “Inception” (El Orígen), donde los personajes cuando sueñan miran un pequeño trompo, si éste se mantenía girando sin parar era la señal de que estaban soñando. Para nuestro caso el tótem puede ser algún objeto que sabemos que viaja siempre con nosotros, puede ser un reloj o un anillo. Aquí la recomendación es que con frecuencia, durante nuestra vigilia, volteemos a mirar dicho tótem, esto nos generará un hábito que seguiremos repitiendo incluso en nuestro estado de sueño. Tan pronto el tótem es visto y reconocido en el sueño nuestra memoria de vigilia se reestablece. El tótem puede ser también una acción, por ejemplo, uno puede acostumbrarse a dar un pequeño brinco diariamente en algún momento del día, y esperando con ello levitar. Si en una de tantas ocasiones llegáramos a comprobar que sí levitamos, sabremos de inmediato que estamos en el mundo del sueño, reconectando así con nuestra memoria de vigilia.


La atención al despertar.

De igual modo que mantenemos una máxima atención a los últimos instantes antes de caer en estado de sueño, es también importante al momento de despertar mantener fija nuestra atención a la oscuridad de nuestros ojos cerrados durante los primeros segundos. Haciendo esto en ocasiones lograremos incluso percibir cómo aquello que veíamos en el mundo del sueño vuelve a descomponerse en símbolos para al poco tiempo desaparecer.


El nocturnario.

Del mismo modo que en un diario se registran los eventos más importantes de nuestro día, es mediante un nocturnario que registramos aquellos sucesos que fueron más relevantes dentro de nuestro periodo de sueño. Es bien sabido que tan pronto una persona despierta, ésta comienza a olvidar de manera acelerada todos los eventos de su sueño, es de ahí la relevancia de usar el primer minuto en que despertamos para tomar registro de nuestras experiencias oníricas. Esto puede ser con alguna herramienta que esté a nuestro lado y que podamos escribir con ella lo más rápido posible, por ejemplo un móvil o tableta.


El llevar a cabo esta práctica del nocturnario de manera diaria acostumbrará a nuestra mente a estar atenta a las cosas que percibimos mientras soñamos. De igual modo, su uso constante tiene la capacidad de incrementar la frecuencia de los sueños lúcidos. Esta práctica también es una herramienta idónea para nuestro autoconocimiento, llevando lo inconsciente e inmaterial para manifestarlo como conocimiento en el mundo de lo “real” y consciente. Este tipo de elementos fueron los utilizados por el eminente psicólogo Carl Jung como parte de su técnica de la Imaginación Activa, donde, al hacer un homenaje o ritual a algún fenómeno de nuestro inconsciente, por ejemplo, al plasmar un sueño o una imagen mental en una pintura, una escultura, una música o un relato, podíamos descifrar el significado racional de dichos símbolos. Finalmente, un nocturnario es una excelente evidencia documental que podría organizarse y ocuparse en un futuro con fines de investigación, al identificar patrones y correlaciones de los sueños colectivos, estos elementos que pudieran brindar nuevas pistas a ciencias como la psicología o al propio estudio del ocultismo.


¿Los sueños como una herramienta para alcanzar la iluminación?

Bajo el supuesto de que estos conceptos: "memoria de vigilia", "memoria del sueño", "mundo del sueño", el "tótem", que hoy se mantienen como simples hipótesis para la producción de sueños lúcidos, se corroborara su universalidad y su reproductibilidad, esto podría sentar las bases para otro tipo de estudios de índole superior. Por ejemplo, bajo el principio hermético que enuncia: "como es arriba es abajo, como es abajo es arriba", sería deseable extrapolar todos estos conceptos a nuestra realidad de vigilia. ¿Al hacer esto qué encontraríamos? A modo de ejemplo, el simbolismo y los sígilos son herramientas ampliamente utilizadas por diferentes escuelas iniciáticas para el desenvolvimiento de las facultades latentes en sus estudiantes ¿Acaso estas imágenes, mantrams y rituales no tendrán una correspondencia con aquellos tótems que nosotros intencionalmente usamos en nuestros sueños para Recordar? De ser así, ¿cuál sería el tipo de memoria que emergería en vigilia una vez que establecemos conexión con estos elementos? ¿Quién los colocó? Tal vez nosotros mismos...

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